martes, 19 de enero de 2016

Ejercicio: Encabalgamiento perdido...

Imposible de ignorar lo ponderado,
ponderado a fuerza de zalamería,
zalamería que vanagloria tu artilugio,
artilugio que ilumina tu recuerdo cetrino,
cetrino por la esperanza acéfala;
acéfala intención, podrida herrumbre,
herrumbre de alma y lucidez,
lucidez perdida frente a la jauría,
jauría que miente un dolor tibio,
tibio destello que estridente crascita,
crascita el corazón por la resulta,
resulta de tu aliento perenne,
perenne en mi mente y no en mi almohada.

Oscar J. Orozco

Ejercicio: De la isla...

De la isla conozco el olor, la forma, (1)
el frío húmedo que baña su costa,
el verde que envuelve su cuerpo,
como yo el tuyo, cuando te habitaba.

Conozco el albatros que vuela a tierra,
y el loro que imita mi voz con su garrido,
el grillo que mal se esconde entre chirridos
y la gran bestia de la selva que nadie ha visto,
pero que todos sabemos que acecha en las sombras.

Conozco la calma, el arrullo, del vaivén de las olas,
las mil cosas que la marea arroja a la orilla,
los mensajes en botellas,
las bitácoras de los barcos que no llegaron a puerto.

De la isla, en fin, lo cnozco todo,
como te conocí antes del naufragio,
antes de mi viaje,
antes de mi,
mientras nosotros,
cuando nosotros era uno sólo,
sentado en las bancas del parque, cerca del río.(2)

(        (1)     José Emilio Pacheco
(2)    José Emilio Pacheco

sábado, 31 de octubre de 2015

Declaratoria antifeminista

Mujer que llora: la lastimaron
Hombre que llora: ¡ya supéralo!

Mujer deshonesta: está confundida.
Hombre deshonesto: patán, cabrón.

Mujer que trabaja: es independiente.
Hombre que trabaja: es su obligación.

Mujer que no trabaja: se dedica al hogar.
Hombre que no trabaja: huevón, mantenido.

Mujer que pide ayuda: inteligente.
Hombre que pide ayuda: pusilánime.

Mujer que no se deja ayudar: autosuficiente.
Hombre que no se deja ayudar: macho orgulloso.

Mujer que duda: necesita encontrarse a si misma.
Hombre que duda: inmaduro.

Mujer promiscua: ejerce su libertad sexual.
Hombre promiscuo: mujeriego que ve a las mujeres como objetos.

Mujer que se autoagrede (en cualquier forma): pobrecita, le han hecho mucho daño.
Hombre que se autoagrede (en cualquier forma): loco pendejo, le falta un tornillo, aléjate de el.

Mujer abandonada: no la supieron valorar, no la merecen.
Hombre abandonado: poco hombre, no supo enamorarla y mantenerla a su lado, no la pudo complacer.

Mujer que dice "no": sabe lo que quiere.
Hombre que dice "no": patán, sólo le importa el exterior.

Mujer que no quiere pareja ni hijos: libre.
Hombre que no quiere pareja ni hijos: le teme al compromiso.

Mujer que se compromete: es porque ama.
Hombre que se compromete: es su deber.

Mujer que no tiene tiempo para su familia: trabajadora, está persiguiendo sus sueños.
Hombre que no tiene tiempo para su familia: desobligado, mal padre.

Mujer que ama y lo demuestra: cariñosa.
Hombre que ama y lo demuestra: intenso, ¡me asfixias!, cursi.

Mujer responsable que apoya a su pareja: es una gran mujer.
Hombre responsable que apoya a su pareja: sólo cumple su deber.

Mujer que se impone: empoderada.
Hombre que se impone: déspota.

Mujer que lo entrega todo: mujer que ama.
Hombre que lo entrega todo: mandilón pendejo.

Ahora que escribí todo lo de arriba noté lo increíblemente ridículo que suena, la postura de la víctima en todo su esplendor, y sin embargo he estado escuchando, leyendo, encontrando por todos lados en las redes sociales, este tipo de frases y muchas otras de mayor estupidez, con la diferencia de que todas en sentido inverso, es decir: intercambiando todos los "Mujer" por "Hombre" y viceversa.

Estoy harto, estoy muy harto de estas tonterías, de la imbécil "guerra de los sexos" en la que nos ha metido la sociedad moderna, donde las mujeres se sienten superiores sólo por ser mujeres, donde los hombres tenemos que cargar con la culpa del patriarcado milenario, donde cada sexo justifica a sus iguales y cierra filas, aún sabiendo que el compañero o compañera de partido han hecho una chingadera monumental.

Estoy harto, hoy me libero de esto, soy hombre y orgullosamente puedo decir que nunca he hecho menos a una mujer, que nunca ha habido dolo en mis acciones, que siempre he sido honesto, que nunca he faltado a mis compromisos, que siempre he apoyado a mis parejas con todos mis recursos, con todas mis fuerzas y empeños. Me da un enorme orgullo decir que mi corazón está limpio, que nunca he mentido, que he amado con todo mi ser y, esta vez, me han despreciado y me ha dolido como ninguna otra cosa en mi vida, pero mi consciencia está limpia. Eso es mucho más de lo que pueden decir muchas personas que conozco, hombres y mujeres.

Nadie puede reclamarme infidelidad, nadie puede decirme que he sido violento o que me he propasado, sin embargo, se me ha acusado de muchas cosas por defenderme, porque cuando conviene "a la mujer no se le toca ni con el pétalo de una rosa", porque ellas pobrecitas y nosotros qué cabrones, porque ella tenía derecho a hacer lo que ella quisiera, a comportarse como una arpía cruel y desconsiderada, pero yo no tengo derecho a sentirme dolido, a deprimirme, a sentir que mi mundo se terminó y que me quedé sin futuro porque me engañaron y yo les creí porque quería creer, quería confiar.

Soy hombre y tengo el corazón roto, estoy viviendo el dolor, la ira, la decepción, el desencanto más grandes de mi vida, y me da mucho orgullo decir que estoy triste, que me hicieron polvo y del polvo me estoy levantando, que he pedido ayuda y me he agarrado de todo y todos los que tengo cerca.

Que tuve que humillarme y decirme a mi mismo: no puedes, no tienes los recursos, te dejaste engañar, te pusiste de pechito para que te vieran la cara, te enamoraste de la persona equivocada, de una mala persona... te enamoraste hasta la médula de una mujer que ojalá nunca hubieras conocido.

Me niego a sentirme culpable, me niego a recibir la violencia de las mujeres que hacen lo que quieren y aún así se sienten perseguidas y se creen agredidas porque a mi me cuelga algo entre las piernas y piensan que es para amenazarlas. Estoy harto, estoy muy harto.

Hay mujeres buenas, conozco algunas, habemos hombres buenos, creo firmemente que soy uno de ellos, me esfuerzo para serlo, porque no es fácil enfrentar esta realidad sin malicia, pero quienes hacen chingaderas son también de ambos lados y no hay justificación alguna para ninguno.

Por eso me declaro antifeminista, de la misma forma que me declaré antimachista hace tantos años.

lunes, 13 de junio de 2011

Abordemos otro barco...

Lectora, lector, amables:

He de confesar que tengo una extraña afición por el mar, y digo "extraña" porque en realidad me produce pavor el Sr. Océano. Muy rara vez introduzco mi cuerpo en semejante inmensidad de agua, prefiero las albercas, cuya dimensión es visiblemente finita o, mejor aún, las tinas de baño, donde todo está bajo control y al alcance.

Quizá las películas de piratas hicieron su labor en mi imaginación durante la infancia (obviamente estamos hablando de mucho antes del Perla Negra), porque a Salgari, hasta la fecha, no lo he leído. La cosa es que, de sólo pensar en esos barcos que crujían con el vaivén de las olas, con sus jarcias y sus palos de mesana, el ancla colgando, las velas tendidas, en fin, todos los aparejos, que se imponen a la vista del inexperto como un bosque, una jungla, en donde puede uno perderse con gusto y explorar los mundos: el tediosamente pendulante que oculta infinidad de rincones dentro, y el luminoso y que espera al viajero a bordo para que desembarque a descubrirlo.

Todo esto viene a cuento porque, como dice el título de esta entrada, pienso cambiar de barco... mejor dicho: no pienso subirme a ningún barco más. He decidido que tratar de ajustarme a una técnica (como intenté en un principio, haciéndo crónica de mi vida) o a un tema (como pretendía con el último texto) es la tontería más grande que puedo intentar, porque no tengo la disciplina necesaria para ello.

Así que, a la voz de ¡ya!, me dedicaré a escribir lo que me venga en gana en el momento que me venga en gana y si alguien gana soy yo, porque me da la gana.

Me sumergiré en este mar de ideas, sin barco, lancha, tabla, tronco o piedra alguna a qué afianzarme, con la única y malvada intención de dejar una prueba cibernética de mis más esotéricos, etílicos u oníricos divagues.

Si me quieres acompañar, aviéntate un clavado.

Te espero.

Desde el ombligo de la Luna.

Oscar Javier

martes, 7 de junio de 2011

Giros, dar media vuelta y ver qué pasa allá afuera...

Hola, lector(a) querido(a):

Lamento mucho la ausencia tan larga, espero en esta ocasión mi constancia no comience con flaqueos. La razón de mi silencio es simple: me quedé sin ideas. Estoy convencido de que uno debe callarse la bocota cuando alguien ha dicho, mejor que uno, lo que se trae en la cabeza.

La razón de mi regreso es aún más simple: ora sí quiero decir algo.

Resulta que he visto en los últimos años el deterioro de esta realidad terrible que estamos viviendo y no me gusta, más aún, creo que a la mayoría no nos gusta. Aunque sí conozco a dos o tres merolicos que siguen diciendo que la cosa va bien y que debemos tener mano firme y sostener el rumbo porque tarde o temprano esto va a mejorar, y no niego que quizá tengan razón. No lo sé, nunca he ido a la escuela de adivinos.

Ahora, lo que yo no sé es: ¿En qué se basan estos señores para calcular los años, meses y días que va a tardar la ex-guerra contra "El Crimen Organizado" (así, con mayúsculas, porque es un nombre propio. Esa cosa se ha vuelto una entidad por sí misma: independiente, compleja y con capacidad de razonamiento propio... y de fuego increíble) que según estos muchachos que salen a veces en la tele (así, con minúsculas, porque no les tengo nadita de respeto ni a ellos ni a esta última) tardará en mostrar sus resultados? Al final la respuesta no importa, y no importa por dos motivos:

1.- La estadística sigue siendo la forma técnicamente más acertada para mentir sobre cualquier tema, al final, el resultado es personal y los cálculos no sirven (ejemplo: el ingreso per capita de México no está tan tirado a la calle, sin embargo, hay que tomar en cuenta que se promedian los ingresos de Slim).

2.- A ellos tampoco les importa porque se cuidaron de hacer sus pronósticos para cuando ya no estén aquí. Seguramente, los actuales señores del gobierno, apelarán al caso "Echeverría" y pedirán la embajada de las Islas Fidji (y eso porque no hay una en la Luna) cuando sus tonterías toquen a su fin.

En fin, no voy a hacer un discurso para exponer mis motivos ni pretendo convertir esto en un foro pro-izquierda (que, de todos modos, en México, hace tiempo que ni existe ni sirve), sólo quería, como preámbulo de mis siguientes comentarios, darles dos o tres ideas de para dónde van mis opiniones últimamente:

Creo que el país anda mal, eso ya estaba establecido. Creo, también, que el problema es de educación y está en las manos de la sociedad resolverlo, eso no estaba tan establecido. Por último: creo que las implicaciones de La Solución (porque es una sola y es integral e indivisible, según mis piensos, aunque admito que en la práctica no es posible hacer las cosas de un jalón) no las tenemos bien dimensionadas ninguno de nosotros. (Va un ejemplo: yo consumo refresco de cola de marca gringa en cantidades industriales, eso es parte del problema). Todos estamos metidos en esto y, por poner unas ideas, creo que las broncas andan más o menos en este corte: La inactividad de la sociedad, el abandono del campo y los sectores productivos, la terrible situación de la educación (escolarizada, doméstica y religiosa) que impera en el país y, ahora sí, todas las demás.

Ya iremos deshojando la margarita con calma, pero por lo pronto creo que esa es la idea básica; de ahí se desprenderán las opiniones sobre todo lo demás, sin afán de decirles cómo reparar al país, sino de discutir, si algún amable me da su opinión, las diferencias entre nuestros puntos de vista.

Pues así, lectora, lector querido (mini-homenaje a Germán Dehesa que se nos fue en este tiempo de silencio) retomo este espacio donde se reciben mentadas de madre sin tapujos pero, eso sí, con orden y de uno por uno para no hacerme bolas.

Ya nos volveremos a encontrar.

Desde el ombligo de la Luna, les mando un abrazote.

Oscar J. Orozco, El Joven.

martes, 12 de enero de 2010

Esto ya no dió pa' más...

Esta no es una entrada común, apreciable lector(a) porque resulta que no voy a continuar la historia.

Si estás pensando que no voy a continuarla porque me dedicaré a asuntos más importanes en esta ocasión, o que debo proponer alguna discusión profundísima que urge a los destinos de la república, mis queridos amigos, se equivocan de parte a parte.

Resulta que después de darle vueltas y más vueltas al asunto ya no se me ocurre nada qué escribir sobre aquellos tiempos en que, con la ilusión del descubridor, recorrí un poquitito de las nórdicas tierras del Canadá en busca de fama y fortuna. Es también un buen momento para finalizar el asunto diciendo que -creo que es evidente- no sólo no encontré ninguna de ellas, sino que además regresé cargado de deudas, con poquísimo efectivo, falto de peso, con dos maletas enormes que tuve que arrastrar por el aeropuerto (de las cuales sólo una era mía) y más pálido que de costumbre -por inverosímil que parezca-.

Sólo diré que me despedí de aquel país con gusto y nostalgia a la vez. Sin embargo, al salir de Vancouver, amaneció cuando iba yo arribando al aeropuerto. La maravillosa ciudad que me acogió durante ocho meses se despidió de mí con un sol espléndido que tiñó de naranjas y púrpuras las nubes. Hice escala en Calgary, donde me despidió un frío de 3 grados y una nevada... si les digo que me dió tristeza cuando despegó el avión les miento cínicamente.

¿Han ustedes viajado en un camión flecha amarilla o rojo de los altos en un domingo a la hora de ir a misa? Si su respuesta, queridos lectores, es afirmativa, pueden comenzar a imaginar cómo iba yo en el avión, con una sustancial diferencia: si bien, tanto alteños como canadienses son más bien güeros, los condenados canucos son enormes.

Pedí asiento en ventanilla porque quería ver el mundo desde arriba. Soy un imbécil, debí pedir asiento de pasillo y ver pa'dentro.

El avioncete contaba con hileras de asientos agrupados de a tres con un pasillo, que parecía banqueta de Guanajuato, al centro y el espacio entre butaca y butaca era menor que el de un vocho. Sí, apreciables amigos, sí me dieron ganas de hacer pipí y, sobre las maniobras que debí realizar para lograr salir de ahí y llevar a efecto tan elemental necesidad fisiológica, baste decir que desde aquel día me considero un atleta.

Arribé a Puerto Vallarta ese mismo día a eso de las seis de la tarde y la brisa marina y los últimos rayos del sol maravilloso con que me recibió México de vuelta me hicieron aferrarme a la vida y me ayudaron a no desmayarme. Dicho de otro modo: el viaje fue horrible.

Pensarán, amables amigos, que ahí terminó al aventura, y estarán herrados. Aún faltaban 5 interminables horas de camión y el trabajo de lidiar con una montón de taxistas malvados y ladrones. Ni modo, me senté y pagué las cuotas. Caso cerrado.

Al llegar a casa mi madre me abrió la puerta, la abracé y cenamos. Reconocí mi casa, mi habitación, mis pertenencias... ¿les digo la verdad? yo sentí que venía llegando de la escuela un jueves: absolutamente nada. Yo me había marchado por la mañana del mismo día y volvía a casa al término de una jornada. Absolutamente nada.

Ya platicaremos más, queridos amigos. Ahora que nos hemos desembarazado del asunto del viaje podremos seguir con cosas más interesantes.

Abrazos para todos.

Desde el ombligo de la Luna.

Oscar Javier Orozco

martes, 20 de octubre de 2009

Lisa

My dearest Lisa:

You're not gonna belive this, but I'm acctually writing in english and I'll translate it latter because I can't write about you in spanish. For some reason the words just won't come to my head. I'm sure that, in a way, it can be flattering for your teaching skills.

You are the last and most important of the characters I'm going to introduce in this chonircles of my trip to the north. I told you, before I came back, that one day I'd find the way to thank you for everything. I give up, I can't. I've been trying for days and days and every word I write sounds empty, useless... I've written lines and lines for days and I can't get anything I like. It's weird.

The truth is, my dear Lis, you changed my life, simply changed my life. I think I'll never know how you did it and, to be honest, I don't think you will, either.

All I can do now is remember.

I know you would expect something funnier or more acid from me, but the truth is I can't. It's rather different to talk to you than talking about you.

Talking to you is easy: one can look into your immense blue eyes and the whole world can blow into pieces, nobody would care. When you smile you light up the world. That tough face you always have for the street doesn't really fool anyone.

Now, talking about you is one of the hardest things I've ever tried. It's been several months and I can't fully express why you became so important. Maybe I never will. All I know is you where always ready to joke, to make fun of me or yourself or somebody else, that you never took to heart anything except us. I even saw you cry once for a graduating student.

I had once the wonderful opportunity of sharing a cup of coffee with you in the beach (weird, usually I have beer in the beach, or at least piñas coladas) and it was one of my best days in the north of the continent. We talked for hours, it felt like days but I wanted it to be for years. Still, we had the sunset for ourselves... now I love the sunset and, in my mind, I share every single one I see with you.

This is all I can do in english. It's frustrating, and embarrassing after all the patience you had... but what can you do? I'm a bonehead for languages. I really wish I could say more. All I can tell you is please, keep that smile on your face and your wonderful blue eyes wide open, so we can see them. Please never take that joy away from us.

Thank you for everything, my dear friend. I miss you a lot. I'll miss you always, so I'll always be thinking of you.

From the belly button of the moon...

Lots of love. Kisses.

Oscar Javier Orozco Plascencia.
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Mi queridísima Lisa:

No vas a creer esto pero de hecho escribí en inglés y después lo traduje porque no puedo escribir sobre tí en español. Por algún motivo las palabras simplemente no me vienen a la mente. Aunque creo que, de algún modo, puede ser también halagador para tus habilidades como maestra.

Tú eres el último y más importante de los personajes que introduciré en estas crónicas de mi viaje al norte. Te dije, antes de volver, que un día encontraría la forma de agradecerte por todo. Me rindo, no puedo. He tratado por días y días y cada palabra que escribo suena a hueco, inútil... he escrito lineas y lineas por días y no logro obtener nada que me guste. Es extraño.

La verdad es, mi querida Lis, que cambiaste mi vida, simplemente cambiaste mi vida. Creo que nunca sabré cómo lo hiciste y, para ser honesto, creo que tú tampoco.

Ahora sólo me queda recordar.

Sé que esperas de mí algo más gracioso o más ácido, pero la verdad es que no puedo. Hablar contigo es muy distinto de hablar sobre tí.

Hablar contigo es fácil: uno puede mirar en tus inmensos ojos azules y el mundo entero puede volar en pedazos, a nadie le importaría. Cuando sonríes iluminas el mundo. Esa cara dura que pones en la calle en realidad no engaña a nadie.

Ahora, hablar de tí es una de las cosas más difíciles que he intentado en mi vida. Han sido varios meses y todavía no puedo expresar enteramente por qué te volviste tan importante. Quizá nunca lo logre. Todo lo que sé es que siempre tuviste lista una broma, siempre estuviste preparada para burlarte de mí o de tí misma o de alguien más, que nunca te tomaste muy a pecho nada excepto a nosotros. Incluso te ví llorar por un alumno que se graduaba.

Una vez tuve la maravillosa oportunidad de compartir contigo una taza de café frente a la playa (cosa rara, yo generalmente tomo cerveza en la playa, o al menos piñas coladas) y fue, sin duda, uno de mis mejores días en el norte del continente. Hablamos por horas que parecieron días y hubiera querido que fueran años. Aún así, tuvimos la puesta del sol para nosotros... ahora amo las puestas de sol y, en mi mente, comparto cada una que veo contigo.

Eso es todo lo que mi inglés da. Es frustrante y un tanto vergonzoso, después de la paciencia que me tuviste pero, ¿qué puedo hacer? Soy un cabezadura para los idiomas. En verdad me gustaría poder decir más. Todo lo que se me ocurre ahora es: por favor, mantén siempre esa sonrisa y tus maravillosos ojos azules bien abiertos para que todos podamos verlos. No nos quites esa dicha nunca.

Gracias por todo, mi querida amiga. Te extraño muchísimo. Te extrañaré siempre, así que siempre pensaré en tí.

Desde el ombligo de la Luna...

Todo mi cariño. Besos.

Oscar Javier Orozco Plascencia.